Tratamientos complementarios
Información para tomar decisiones cuidadas sobre prácticas complementarias en la Esclerosis Múltiple, siempre junto al tratamiento indicado por el equipo de salud.
Las prácticas complementarias son recursos que algunas personas con EM consideran como apoyo para su bienestar o para manejar ciertos síntomas. Pueden incluir actividad física adaptada, yoga, meditación, técnicas de relajación, masajes u otras estrategias.
Es importante diferenciarlos del tratamiento modificador de la enfermedad indicado por el neurólogo. Los tratamientos complementarios no reemplazan la medicación, los controles médicos ni la rehabilitación indicada por el equipo de salud.
Seguridad ante todo. Si iniciás una práctica complementaria, hacelo de forma gradual y respetando tus tiempos. Conviene detener la actividad y consultar si aparece dolor intenso, mareos, caídas, debilidad nueva, aumento sostenido de síntomas o malestar que no mejora con el descanso.
Qué pueden aportar. Las prácticas complementarias no curan la EM ni modifican por sí solas el curso de la enfermedad. Algunas pueden ayudar al bienestar, la relajación, la movilidad, la respiración, el descanso o el manejo de ciertos síntomas, siempre como complemento del abordaje indicado por el equipo de salud.
Suplementos y productos naturales. “Natural” no siempre significa seguro. Algunas vitaminas, hierbas, preparados, aceites, gotas o suplementos pueden producir efectos adversos o interactuar con medicación indicada.
Antes de incorporar cualquier suplemento o producto natural, es importante conversarlo con el neurólogo tratante o con el equipo de salud, especialmente si estás usando tratamiento modificador de la enfermedad u otros medicamentos.

Yoga. Puede ayudar a algunas personas a trabajar respiración, estiramientos suaves, relajación, equilibrio y conciencia corporal. En EM, algunas prácticas mente-cuerpo pueden aliviar ciertos síntomas, pero la evidencia no es igual para todos los objetivos ni para todas las personas.
Es importante adaptar las posturas, evitar exigencias excesivas y avisar al instructor si tenés fatiga, dolor, mareos, problemas de equilibrio, sensibilidad al calor o limitaciones de movilidad.
Meditación. Es una práctica que puede ayudar a hacer una pausa, regular la respiración, bajar la tensión y conectar con un momento de calma.
Puede ser guiada o practicarse de forma individual, en períodos breves y adaptados a cada persona. En algunos casos puede servir como apoyo para manejar estrés, ansiedad o sobrecarga emocional.
Mindfulness. También llamado atención plena, propone entrenar la capacidad de prestar atención al momento presente: lo que pensás, sentís o percibís en el cuerpo, sin juzgarlo de inmediato.
Puede ayudar a reconocer señales de cansancio, tensión o malestar, y a responder con más conciencia en lugar de actuar en automático.
Masaje. Puede ayudar a algunas personas a aliviar tensión muscular, favorecer la relajación y generar una sensación de bienestar corporal.
En EM, conviene que sea realizado por una persona capacitada y que conozca tus síntomas principales, especialmente si tenés dolor, espasticidad, alteraciones de sensibilidad, fatiga intensa o sensibilidad al calor.
Pilates. Puede ayudar a trabajar fuerza, postura, control corporal, respiración, equilibrio y flexibilidad, siempre adaptando los ejercicios a las posibilidades de cada persona.
En EM puede ser una práctica útil si se realiza de forma segura, progresiva y con orientación adecuada. Conviene evitar sobreexigirse y respetar los tiempos de descanso, especialmente en días de fatiga, calor o aumento de síntomas.
Tai chi. Es una práctica de movimientos lentos y coordinados, que puede ayudar a trabajar equilibrio, postura, respiración, concentración y conciencia corporal.
En algunas personas puede ser una opción suave para mantenerse activas, especialmente si se adapta el ritmo y se evitan movimientos que generen inseguridad, mareos, dolor o riesgo de caída.
Para tener en cuenta
Antes de incorporar una práctica complementaria, buscá que te aporte bienestar sin generar riesgos, gastos excesivos ni falsas expectativas. Si tenés dudas, llevá la información a tu consulta y conversalo con el neurólogo tratante o con tu equipo de salud.